El Tiempo No Vuela

Capítulo 3: La Amistad, para mi un concepto enorme​

Ser amiga es mucho y, a veces, no es suficiente; no sé todo lo que debe tener un buen amigo, pero sí sé que algunas cosas son esenciales, como ser capaz de confesarte, ser leal y cercano, quitarte el ego, asumir que le importas al otro, y tener por ello cierta responsabilidad afectiva, respetar la individualidad, admirar la personalidad en su escala completa de grises, ser fiel a tus principios y sincero en tus consejos, no guardarte nada si sabes expresarlo finamente y sin herir.

Escuchar lo que tu amigo necesite contarte sin ponerle límites, seguir escuchando sin egoísmo o miedo, sin expresar juicios. Esta parte he tenido que practicarla más que otras, no porque disfrute criticar ni mucho menos, sino porque no he sabido expresarle al otro mis opiniones, a veces demasiado sinceras, sin que se sientan como mensajes disparados en forma de dardo, apuntando directo a su momento actual o a historias del pasado. Y seguir escuchando hasta la saciedad, porque el vínculo que te conecta a ese otro ser humano, después de su energía, es lo que conoces en esas conversaciones interminables de las que a veces salen chispas de emoción y compatibilidad, muchas otras risas y, como no, lágrimas también, porque la amistad, cuando es real, te completa y te hace feliz.

La amistad, cuando no es tan real, también es válida, pues entiendo que son muchas las razones que nos acercan a otros en la vida y, mientras te aportan, no te restan. Disfruto la amistad en todas sus formas y facetas, pero no creo que valga la pena dedicar tiempo a todas las relaciones que muchas veces bautizamos con el nombre amistad.

Yo, personalmente, he tenido todo tipo de amistades y relaciones que no lo eran.
Por mi vida han pasado muchas personalidades, entre esas, literatas que me llenaron el alma con poesías y cartas de amor apasionadas; fotógrafas que retrataron momentos y eventos inolvidables; disfrutonas que me enseñaron la parte emocionante de las salidas nocturnas, donde sacas a bailar la versión más sensual y atrevida de ti; las salvadoras, esas amigas “psicólogas” que hacen de palanca para ayudarte a pasar al siguiente capítulo; las espirituales, esas con las que puedes hablar de las cosas del alma y que te hacen sentir que vuelan juntas por encima de quienes no necesitan ir más profundo; las realistas, esas amigas maestras que te ayudan a recuperar el enfoque y te obligan a aterrizar, aunque tenga que ser un descenso forzoso; las fraternales, esas amigas que yo llamo del alma, porque nacen y crecen contigo y son testigos de tanto y desde hace tanto que olvidas cuándo; y, por supuesto, están también las amargadas, esas que detectas en apenas dos tardes de gin tonics y evitas por el resto de tu vida.

Creo que en todas las amistades se conjuga un poco de todo lo anterior y parte de la dinámica de la vida es admirar y poder reconocer el poder que esto nos otorga, porque ser amigo y tener amigos no es solo cuestión de suerte.

“Juega con tus amigos… es una parte importante de tu tiempo.”